a Bolívar


Fue un sueño de la tierra,

de la Tierra de Gracia;

de aquella cuya entraña generosa

toda virtud encierra

y que el vital afán del hombre sacia

con frutos mil que sin cesar fecunda

y codiciados bienes de que abunda.

La que del mar Caribe,

a sus plantas rendido,

como tributo de su fe constante,

los ardorosos hálitos recibe.

Aquella en que, arrogante,

la ceiba se alza, siempre en sed de cielo,

mientras que los samanes,

tercos eternidad pidiendo al suelo,

se añejan entre furias de huracanes.

La que en la palma se hace gentileza,

la que florece en sangre en los bucares

y corona en la orquídea su belleza.

La que los Andes tiene por altares,

y espejo de Infinito es en sus Llanos;

donde Orinoco, padre providente,

de la vida guardián de los árcanos

toda planta fecunda y ser viviente.

La tierra que en valor fue Guaicaipuro

y en el martirio Tamanaco fuera;

madre de un mundo primitivo y puro

en el que pareciera

que Dios al hombre regalarle quiso

lo que Adán se perdió en el Paraíso,


Fue un sueño de la tierra,

la que injuriada viera su hermosura

cuando un aciago día, en cruda guerra,

la holló del invasor la planta impura...


Fueron tres siglos de coyunda extraña,

trescientos años fueron de paciencia,

y en angustiosa espera

la tierra a lo más hondo de su entraña

se acogía doliente,

soñando un sueño que remedio fuera

a su pueblo naciente.


Soñó con un varón como ninguno

que, armado con el rayo de su espada,

rompiese sus cadenas

y ofrendase a la Patria libertada

la Gloria hecha de sangre de sus venas.


Un varón de justicia

cuya más pura gloria

fuera el saber vencerse en la victoria

para nunca caer en el abismo

donde el Tirano crece

y, a la vez que a sí mismo,

a su pueblo envilece.


¡Tiranos, duces, führers y caudillos. ..

de grandeza y virtud simuladores,

de los pueblos baldón y de k humana

condición burladores,

que a su ambición voraz buscan peana

en los despojos de los bien nacidos,

en las cervices de los consentidos!


Un varón de dolores que aún más grande

que en la victoria en la derrota fuera;

aquel que en el ocaso

de la hora lastimera,

cuando todo del hombre huye y se pierde,

y desesperación el alma muerde

más que humano, se yergue ante el Fracaso

y estampando sobre él su recia planta

en triunfo se -levanta,

mostrando por trofeo inmarcesible

k quebrada cerviz de lo Imposible


Un varón que no viera

otro dolor que el de su patrio suelo

y que, en su santo celo,

jamás para el mal propio ojos tuviera.


Que rico, sus riquezas ofrendara

a la tierra materna,

y desnudo quedara

porque Ella así mejor lo recibiese,

y de su esencia eterna

como a hijo predilecto lo vistiese

.

Un varón para un gran amor nacido

y al que Muerte prohibiera

que el querer de un buen padre conociera,

y de una madre y una esposa pura

el tesoro infinito de ternura

no bien gustar le fuera concedido,

lo hubiese de llorar como perdido,

y a quien la Vida un hijo le negara.

Para que, con todo esto,

de acendrados amores rebosara

y se hallara dispuesto

en ofrenda votiva

a una empresa a volcarlas sobrehumana

y a su tierra nativa,

sin límite ni mengua se ofreciese,

y padre, esposo e hijo a Ella le fuese.

Un varón de saberes

que, en la preñez del tiempo,

el fruto del mañana ya adivine;

que se adentre en las almas de los seres

y el vario curso del pensar domine,

cuyo juicio se engendre en el contacto

que hacen fecunda la razón y el acto.

Que comprenda el por qué de cada cosa,

los secretos motivos del de arriba,

los que a la masa arrastran tumultuosa,

los que mueven a acción al indolente

y al cobarde lo truecan en valiente.

Los cornos y los cuándos en que estriba

la ciencia del mandar y del gobierno,

con la que el alma grande,

cuando su idea expande,

intérprete parece del Eterno.


Un gran señor del verbo,

dueño de la palabra poderosa

que hace de quien la escucha dócil siervo;

aquella que en la bélica proclama


al general inflama

y al soldado decide en la hora honrosa;

aquella que guiar al estadista

con el discurso o con la carta sabe,

la que profunda o grácil, acre o suave

convence al alma y voluntad conquista;

y, sin más arma que la voz desnuda,

la pasión que arrebata

a los contraríos en concordia muda

y su presa rendir hace a un pirata.


Un varón paladín de libertades.

De aquella Libertad, supremo invento

de Dios y el don mayor que al hombre hiciera,

de su divina condición cimiento

y que negada a bestias y astros fuera.


Libertad que del hombre el alma abona,

Libertad que es de Patrias la corona,

Libertad en que todo bien se asienta.

Libertad para el suelo mancillado,

Libertad para América irredenta,

Libertad al esclavo degradado,

Libertad para amigo y adversario,

Libertad para el alto y el sumiso,

Libertad de que todo hombre es sagrario,

bien común e indiviso

que si se niega a alguno

ya no lo goza en plenitud ninguno


Y el sueño de la tierra se hizo un hombre,

surgió el varón que Verbo fue y fue Espada;

el que a su patria se entregó gozoso,

tras promesa sagrada,

sus bienes olvidando y su reposo.

Aquel varón que nunca más lo fuera

que cuando menos la áspera Fortuna

le dio ocasión para albergar espera;

El que hizo en su alma florecer el lirio

más puro a Libertad nunca ofrendado;

El que inflamara en su inmortal delirio

de los suyos los bravos corazones;

El que en el triunfo nunca entronizado,

el vino gustar supo de la gloria

y en rencores, envidias y traiciones

el cáliz apuró del amargor...

Y el sueño de la tierra se hizo Historia:

¡Simón Bolívar, el Libertador!



Dr. Vicente Amezaga



Compilacion, Edicion y Publicacion
Xabier Iñaki Amezaga Iribarren 
Editorial Xamezaga
La Memoria de los Vascos en Venezuela
Catalogo de Obras (1.070)

La mas extensa en referencia a la Diaspora Vasca America



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