a Bolívar Fue un sueño de la tierra, de la Tierra de Gracia; de aquella cuya entraña generosa toda virtud encierra y que el vital afán del hombre sacia con frutos mil que sin cesar fecunda y codiciados bienes de que abunda. La que del mar Caribe, a sus plantas rendido, como tributo de su fe constante, los ardorosos hálitos recibe. Aquella en que, arrogante, la ceiba se alza, siempre en sed de cielo, mientras que los samanes, tercos eternidad pidiendo al suelo, se añejan entre furias de huracanes. La que en la palma se hace gentileza, la que florece en sangre en los bucares y corona en la orquídea su belleza. La que los Andes tiene por altares, y espejo de Infinito es en sus Llanos; donde Orinoco, padre providente, de la vida guardián de los árcanos toda planta fecunda y ser viviente. La tierra que en valor fue Guaicaipuro y en el martirio Tamanaco fuera; madre de un mundo primitivo y puro en el que pareciera que Dios a...